HUELVA 2017-2018

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Historia de Huelva y Provincia

ıllıllı La Guerra Civil Española en Huelva


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La II República tuvo un fin trágico pese al triunfo del Frente Popular en las elecciones del doce de febrero de 1936: La Guerra Civil de España. Una serie de causas radicalizaron las posturas de la derecha y la izquierda y prepararon el golpe de Estado del dieciocho de julio de mil novecientos treinta y seis, concebido como un golpe de Estado veloz, de una semana como máximo, mas que se transformó en una larga Guerra Civil debido a diferentes causas.

Entre ellas su internacionalización, interviniendo países como Alemania, Italia y Portugal, que mandaron armamento a Franco y, la URSS, que apoyó a la República. Lo curioso del caso es que existía un acuerdo de no intervención firmado por veintisiete países, que como se ve no se cumplió.

El dieciocho de julio Huelva y la mayoría de la provincia se sostuvieron fieles a la República, puesto que no había suficientes militares rebelados y fascistas para imponerse mas tal día como mañana, el veintinueve de julio de mil novecientos treinta y seis, hace setenta y cinco años, las tropas rebeladas entraron en Huelva para supervisar el puerto y eludir que la escuadra, leal a la República, pudiese dominar el Atlántico y asegurar tanto la desembocadura del Guadalquivir como la comunicación con la Portugal de Salazar, conveniente a los golpistas desde el primer instante.

Proveniente de Sevilla, la llamada columna Carranza, dirigida por R. Carranza G., capitán de corbeta, fue tomando consecutivamente Chucena, Almonte, Bollullos, Manzanilla, La Palma, Rociana, Villalba del Alcor, Bonares, Escacena del Campo, Lucena, Bruma, Paterna, Villarrasa. Y el veintinueve llegaron a Aljaraque, Corrales, El Almendro, Alosno-Tharsis, Ayamonte, Beas, Cabezas Rubias, Cartaya, Gibraleón, El Granado, Huelva, Isla C., Lepe, Moguer, Palos, Paymogo, Puebla de G., Punta Umbría, San B. de la Torre, San J. del Puerto, Sanlúcar de Guadiana, Santa Bárbara de Casa, Trigueros, Valverde Villablanca, Villanueva de los Castillejos y Villanueva de las Cruces.

Anteriormente se ocupó Encinasola y también Hinojos (exactamente el mismo dieciocho de julio) y tras la toma de Huelva se generó la rendición del resto del Andévalo y la Sierra onubense entre agosto y septiembre de mil novecientos treinta y seis (las últimas localidades fueron Hijonales, Cimas de Enmedio, Cimas Mayores y Cimas de San B. el día diecinueve de septiembre), con una mínima resistencia en la batalla del empalme (siete de agosto) a seis km al norte de Valverde, donde los rebelados derrotaron a 2 camiones de milicianos provenientes de la Cuenca Minera.

Los izquierdistas onubenses crearon los Comités Antifascistas o bien de Defensa de la República con representación de todos y cada uno de los partidos del Frente Popular, declarando la huelga general en toda la provincia y formando las milicias de control o bien vigilancia.

Su armamento consistía mayoritariamente en escopetas de caza, otras más viejas y aperos de labranza o bien, en la mina, bombas de fabricación casera.

Pese a la desproporción de medios, los rebelados debieron ir ocupando pueblo a pueblo, los enfrentamientos fueron usuales y, cuando la toma era inminente, los líderes más significados acostumbraban a huir a otras poblaciones no tomadas y más esenciales en las que hacerse fuertes, siendo en la Cuenca Minera donde se refugiaban todos y cada uno de los escapados y se formaron los conjuntos de resistencia más bien difíciles de dominar.

Siendo conscientes de que el inconveniente residía en Sevilla, se preocuparon de crear una columna que complicase las maniobras del general G. Queipo de Plano, Inspector General de Carabineros, que se había apoderado del mando de la II División y se hizo con el control de Sevilla.

Esta columna, formada por la Guarda Civil, a la que se unieron las fuerzas de Ataque, estaba dirigida por el comandante G. Haro Ases que, tras ser aclamado a su entrada en Sevilla por los izquierdistas del distrito de Triana, se unió a las tropas rebeladas y destrozó a la columna de milicianos onubenses que le habían ayudado.

El grueso de esta columna se había formado en la Cuenca Minera y se le fueron sumando vecinos de Valverde, Huelva, San J. del Puerto, La Palma, etc. Exactamente el mismo comandante Haro los aguardó en La Pañoleta (barriada de la localidad sevillana de Camas), donde fueron abatidos o bien hechos presos para después, en un inmediato Consejo de Guerra, dictaminar sus fusilamientos como castigo público y ejemplar en las murallas de Urbe Jardín, de Pagés del Corro y de la Macarena.

Sin embargo, hay otros testimonios que apuntan que el auténtico "héroe" de La Pañoleta fue el teniente A. Morillo R., quien en vanguardia y con fuego de ametralladoras provocó la explosión de la revienta.

Los que consiguieron escapar, traicionados, humillados y también indignados, cometieron a su regreso la mayor parte de las crueldades antifascistas y anticlericales conocidas en la provincia; la prensa las expuso como unos ejemplos de las barbaries izquierdistas y la derecha las empleó como justificación de su "operación limpieza".

El comandante G. Haro Ases, a su regreso a Huelva tras la toma de la capital, se encargó del Gobierno Civil y Militar hasta el dos de febrero de mil novecientos treinta y siete. Fue creando las Gestoras Municipales de los municipios ocupados, nombró a los diferentes encargados gubernamentales "con poderes de intervención sobre todo lo civil y militar" y aceptó la opresión inicial en la provincia.

En el mes de octubre de mil novecientos treinta y siete se designó al coronel de Carabineros J. Ibáñez Alarcón con la meta primordial de terminar con las guerrillas serranas, pues si bien la guerra se da por finalizada en Huelva el día diecinueve de septiembre del mismo mil novecientos treinta y seis y en España en el mes de abril de mil novecientos treinta y nueve, las guerrillas serranas prosiguieron operando a lo largo de la posguerra.

Por poner un ejemplo, la partida Los Alacranes, liderada por El Desnarigado de Huelva; la Partida Cerreño de F. Gómez; la del Gato; la de Saca Hunto; la del Zorro; la de Flores y la del Cartagenero.

El número de víctimas cambia ostensiblemente conforme las fuentes. Hubo seis.000 fallecidos por la opresión fascista y unos cuatrocientos por la opresión de las fuerzas de izquierda.

La verdad es que murieron muchas personas, tanto republicanas como rebeladas, víctimas tanto de los combates como de las acciones de opresión de uno y otro bando, tal como de las penalidades derivadas de la guerra.

La economía de España quedó destrozada (aparte de que se partía de niveles de producción y productividad bajísimos), las carreteras y puentes destrozados; el treinta por ciento del tonelaje marítimo quedó destruido; la mitad de las locomotoras y las vías de tren estaban destrozadas; el ocho por ciento de las residencias también; la producción industrial y la agrícola se quedaron en un treinta y uno por ciento y un veintiuno por ciento de la precedente a la guerra respectivamente.

 

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